miércoles, 17 de octubre de 2012

Pero no sé desnudar a la eternidad.

"Sé cocinar platillos con todas las letras del abecedario y conozco el tiempo exacto para preparar un café perfecto.



Sé también el tiempo que dura un día y conozco a la perfección el sol y la luna. Conozco más de lo que creo y sé más de lo que quiero. Pero no me conozco del todo.




Estudio, trabajo, canto, escribo y soy consejera de quien lo necesita y de quién no también. Tengo defectos también, beso a quien me gusta sin poderme controlar, lloro con canciones y a veces no puedo hablar por teléfono sin que se me quiebre la voz. Hablo cantado y me río gracioso. Pero el mayor de todos, el que más está presente es mi incontrolable gusto por escribir.




Escribo para mi, escribo para ti, escribo para él y también para ella. Para ese y por qué no para esa.



Con las letras me conozco, me duelo, me lloro, me siento, me vivo, me ignoro, me pierdo, me divierto, me soy. Escribo por las noches cuando me siento triste, escribo también por los días cuando estoy aburrida. Escribo en fines de semana y en días feriados, en vacaciones y en días ocupados.



Le hablo al tú por tú a los sentimientos y los desnudo para comprender por unos segundo su rara anatomía y grabarlos en mis lienzos. Acomodo las palabras idóneas en una manera tan armónica que me asusta, que asusta.



Las letras siempre están ahí para mi, pero yo no siempre para ellas, a veces las evito y las ignoro por que ellas siempre me dicen la verdad, aunque duela, aunque lastime, aunque mate.


A pesar de todo esto soy feliz escribiendo, soy plena soltando versos y palabras. Aunque no me conozco del todo parece que así lo fuera, sonrió y lloro.

Me quedó para siempre en las letras, siendo ellas una parte de mi y yo una parte de ellas. 

Espero que cuando alguien lea alguno de mis textos me recuerde, y sepa que, sin querer y sin saberlo, ese texto es también para ella, que lo disfrute, que lo viva por que al hacer eso yo viviré por siempre, su corazón, en el mío, en las letras, en el espacio, en el todo."




Él, el amiguito frutal.

sábado, 7 de abril de 2012

Día 36: "¡Y no vuelvas!"

Hola. Sé que tenemos tiempo sin estar bien, que el frío por el que siempre rogamos nunca llegará a nosotros a pesar de los problemas llego, y que no podemos dialogar demasiado. A pesar de éso, voy a pedirte un favor, o mejor dicho, voy a pedirte EL favor. Tú eres la única persona que sabe dónde guardo mi caja, mi caja de los recuerdos. Tú sabes que trate de vaciarla de ti, porque ocupas demasiado espacio, y no puedes estar eternamente ahí, porque llegan personas a las que me encantaría hacerles un hueco aunque sea pequeñito, y porque duele tenerte siempre ahí, cuando realmente no quiero hacerlo. Saqué todo de la caja, quité todo lo que tuviera que ver con tu recuerdo. Eliminé toda prueba para que, cuando volviese a abrir la caja tú ya no estuvieses ahí.Yo saqué TODO, te repito. No quedaba nada de ti en esta estúpida caja roja, que ni siquiera es profunda, ¡ni siquiera mide 15 centímetros! Pero entonces, ¿cómo no vi el recuerdo que más quería olvidar? ¿Cómo pude omitir sacarlo si estaba ahí, junto a todos los demás? ¡Sí, olvide sacar que te quiero! Pero tú eres la única persona que sabe dónde guardo mi caja... Así que, te pido lo siguiente: No vuelvas a entrar en silencio mientras duermo a revivir lo que siento y recordarme que todavía no he sido capaz de olvidarte. No lo hagas. He hecho todo lo que debía: borré tus mensajes, dejé de buscarte, olvidé que te deseaba, extravié tu recuerdo, tu olor, tu forma de sonreír, perdí la paciencia para esperarte, maldije 55 veces haberte conocido, aborrecí dedicarte acordes que nunca escucharías, odié tu nombre,  tus manos, ignoré las canciones que te dediqué, tu manera de llamarme, tus ojos, tu estúpida manía de enfadarte si no te hacía caso...Lo hice todo para dejar de suspirar por ti. Todo, menos dejar de escribir que aún no te he olvidado.

lunes, 2 de abril de 2012

Así eres tú.

No sé si te empeñes o sólo así, de la nada, tú logres  hacer de lo más desagradable cada conversación trivial conmigo. Dos minutos, dos minutos de tu "yo" sensible, de tu "yo" que me hace reír al parecer es algo muy difícil. Subir en elevador con el vecino más cabrón es más agradable, es menos sofocante y te juro que sigo sin entender por qué. Te juro que me matas a cada segundo, te lo juro. Y te lo juro porque llevas monopolizando mi cerebro los últimos cuarenta y cinco días, y no puedo más. Ya no me quedan ni lágrimas, ni ilusiones, ni esperanzas, ni ganas de seguir con ésto. Me queda aprender a vivir con ello, y ser feliz. Tal y cómo lo hacen el tuerto o el cojo, tendré que aprender a vivir con el corazón amputado. Ahora me pregunto si hay clínicas en las que te enseñen los gajes del oficio en ésta cosa del amor. Pero a pesar de éso, en el fondo sé que me haces un favor por ayudarme a dejarte atrás a ti y a tus estupideces. Casi creo que tendré que terminar dándote las gracias.

sábado, 31 de marzo de 2012

Antonio.

"Llevas tanto tiempo en mi vida, que no recuerdo nada más."


Ante mí se disponen miles de formas para responderte, de reaccionar, pero ninguna me parece adecuada para explicarte, con un par de frases, un par de gestos, que no quiero verte marchar, que no me es suficiente un “te extrañaré". Que no me es suficiente siete horas de teléfono, ni cincuenta cartas, ni infinitos mensajes. Que lo único que necesito eres tú, tú, tú, tú... ♥

Día 5. "La carta que nunca verás"

Mi pregunta fue clara, concisa. Te dije: "Dime sí, o un no, una mínima explicación." Pero lo poco que obtuve como respuesta fue un suspiro, una mirada que lo poco que me otorgaba era el peor de mis temores. Te irías, esa era la respuesta del silencio que me estabas regalando. Entendí eso de “El que calla otorga”. Sentí que debía suplicarte que te quedaras a mi lado, pero el único odio que pude llegar a sentir hacia ti salió desde lo más profundo de mi ser, para llegar al exterior, en forma de lágrima.  Recuerdo tu gesto, junto a tu sonrisa leve, tu mano agarrándome fuerte y prometiendo volver. No te creí, ¿para qué engañarnos? Sabía por experiencia que mentías, que me habías mentido mil veces, y que ahora no ibas a cambiar. Pero, aún sabiendo que me mentías, te abracé, con todas las fuerzas que me quedaban. Me dijiste esa cosa de “no te preocupes, esto no es el final”. Yo seguía sin creerte, pero hice el esfuerzo y  me tragué las pocas palabras (sólo amor, sólo "te amo")  que podía decirte.
Volviste a hablar, pero esta vez algo que me hizo apartarme de ti. Escuché un "No será igual, pero no quiero perderte. Te extrañaría.”, tan triste que me rozó la superficie del corazón, ese músculo que bombea más y más rápido mientras te escribo esta carta.
Te miré a los ojos, tan directamente que llegué a creer que nunca podría salir de allí. Abriste la boca para decir algo, y aunque nunca sabré qué, no me arrepiento de haberte creído, de haber creído que decías la verdad. De haber sentido lo que sentí y de nunca logar odiarte.

sábado, 24 de marzo de 2012

Bienvenida Primavera


Yo seguía con él por puro egoísmo. Porque me inspiraba, el dolor, lo que me hizo, lo que dejó de hacer, lo que sigue haciendo. Yo lo amé y me enganché a él como quién se cuelga de una nueva droga y se arruina y arruina a los demás por esa mierda. Y nunca supe salir de ahí. Se convirtió en un laberinto en mi manera de vivir, de mí nada salía, y a mi vida, a la que siempre entraban colores,sólo se le veía en tonos grises. Nunca volvimos a estar "juntos" desde aquello, a mirarnos sin que nadie nos observara, a callarnos y esperar que la química hiciese el resto. Nunca tuvimos el valor suficiente. Sólo nos dejábamos deleitar con presencias pactadas cuando nos reuníamos en algún lugar común. Nos regalábamos algunas de las risas que antaño hubieran hecho que esa noche la pasáramos juntos, y con las que ahora nos conformábamos para llevarnos un buen sabor de boca a la cama.
Siempre pensé que había gente a nuestro alrededor que se estaba dando cuenta de que había alguna pieza que no acababa de encajar, que todavía nos brillaba un poco el alma detrás de nuestros ojos. No lo pregunté, y él tampoco, de eso estoy segura. Notaba que él se contentaba con que yo hiciera algún que otro gesto de más, se sentía fuerte, como que no había apagado el fuego del todo y yo todavía seguía intentando saltar por encima de las llamas. Él reaccionaba de muchas maneras. O bien evitaba reaccionar a mis impulsos y hacerme sentir como la que perdió, o bien si yo llevaba rato sin dirigir la mirada hacia alguno de sus movimientos, corría a buscarme temeroso de que yo estuviera perdida en otros ojos o en otros labios. Y luego esperaba a que levantara la mirada e hiciera algún gesto que él pudiese traducir a su antojo en una respuesta que le hiciera feliz.
Yo sin embargo actuaba por puro instinto, sin hacer caso a mis lágrimas de ayer ni a mis sonrisas de mañana. No tenía una estrategia definida y por lo tanto jugaba a tentarle, a ponerlo nervioso, ¿qué se yo? A casi todo con tal de que él supiera que a pesar de todo, estaba ahí y seguía viva. Muy viva.
Ese comportamiento me ayudaba a seguir pero me hundía a la vez. Quería resignarme, darle la razón a la indiferencia, que todo pasase a un segundo plano, que se alejara del protagonista y la escena principal, buscar en otros escenarios, detrás de los focos, entre bambalinas, en las tomas falsas o en otro punto de enfoque para que no se fijara sólo en la tristeza argumental que hacía interesante nuestro drama. Pero entendí que esa lucha era un acto inútil, una pérdida de tiempo. Que mi yo salvaje nunca dejaría que actuara la razón ni daría un poco de brillo o cordura a esa historia.
Que por más que lo necesitara, yo quería otra cosa, quería el punto rojo en ese cielo, quería vendarme hasta el cuello y volver a caerme semanas después, quería experimentarlo todo hasta que acabase de matarme. Era la única forma de sentir. De no apuntar otro fracaso.
Notaba cómo serotonina disminuía hasta dejarme sin defensas y tú no parabas de martillear mi cabeza y apuñalar mi corazón. Pero un buen día las cosas cambiaron. Alguna pieza optó por encontrar algo de razón en mí y eliminó el trastorno para convertirlo en algo parecido a la paz interior.
Y fue entonces cuando me di cuenta de mi personalidad con tendencia a la depresión, al pensamiento autodestructivo. Cuando la luz me cegó, mudé de piel y con ella también mi punto de vista. Te quedaste en algún recoveco de los ayeres que no se pronuncian por miedo, en alguna parte desde ya no dueles y no te clavas en mí. A veces siento cómo intentas salir a nadar a contracorriente y llegar al corazón pero ni sístole ni diástole me permiten tal estupidez.
Así que vuelves al lugar donde eres sin estar, donde acumulo aprendizajes y errores a partes iguales.
Orgullo y resistencia escribe en indeleble la tinta de mi pluma y es porque por fin lo he conseguido: Estoy en el lado ganador y otra vez me quedo indefinidamente esperando que alguien leal me robe el trofeo. Me pueden las ganas del desconocido deseo infinito por sentirme de nuevo vulnerable en otros labios.

lunes, 27 de febrero de 2012

¿Perdón?

Intento de todo, pero no puedo perdonarte. Hago como que no pasa nada, pero mi corazón no me deja en paz. Intento sonreírte y mis ojos me traicionan porque están dolidos. Te acaricio, pero dentro de mi siento que has traicionado lo más preciado que te regalé. MI CONFIANZA.  No es lo mismo, ya no es lo mismo, y no creo que vuelva a ser igual.

Me pediste una oportunidad, y te la he entregado, pero en tus charlas no dejo de escuchar debajo de todo tu parloteo ese triste tono de un chiquillo malcriado que a tiempos quiere lograr lo que se ha encaprichado en hacer. Me dices que me amas, que me amaste, pero lo siento como una cuchilla en mi corazón, en vez de ser un motivo para que me regocije.

Tanto daño me causaste con tu mentira que no sé si en realidad ahora seas tú quien pierde su tiempo en una amistad.

No puedo perdonarte. Y no sé si quiera hacerlo.

domingo, 19 de febrero de 2012

Diario.

Solíamos escribirnos y describir todas las noches la forma en la que habíamos vivido nuestros días... Solíamos poner mensajes entre las líneas. Describir besos y manos bajo la blusa en una letra. Solíamos hacer el amor con un poema. De hecho así fue como su manera de pensar realmente me enamoro.  Podría quedarme ciega y aun así seguir viendo lo que me mostraba.
“Lo esencial para el alma es invisible a los ojos” dicen. Y es cierto. Porque no necesitaba verlo frente a mí
 para sentirlo. Porque la manera en la que nos amábamos hacia que los latidos fuesen como ver el mundo desde sus ojos y tratar de hacer que él viera desde los míos. Podía quedarme muda y a miradas seguir amándolo, seguir amando su alma, seguir amando su esencia...

domingo, 22 de enero de 2012

Recuerda este día, porque es el último que te amo.

“Me urgía conocerte para escribir esa canción que me rompiera el corazón.”

Hoy desperté, después de no dormir por estar cantando para ti en la distancia, con la firme convicción de no recordarte, de no hablarte, de ignorarte, de no pensar en ti y de olvidarte. Así, me di cuenta que el recuerdo no se desgasta con el uso, al contrario, se vuelve más permanente. Y querer olvidar a alguien es suplicar por recordarle para siempre. Entonces me decidí a no pensar mucho en borrarte, comencé mi día, abrí los ojos y cerré el corazón para no llorar. Sí, otro intento fallido pues encontré una canción que no sé cuando escribí, desde otro cuerpo, con otra mente, con el corazón lleno de otro alguien, siendo otra persona que no soy.

Y esa canción habla de ti y de mí.

Llevo tres horas escuchándome cantar la misma letra, la misma melodía, la misma voz y no me he cansado.

Llevo dos meses esperando a que regreses y tampoco me he cansado.
Y esta batalla interminable que libro contra mi misma lleva tus defectos y tu amor de por medio. Y es que  estoy amando a alguien que se quedo sin decir adiós.

Como no estas aquí para calmar mis ansias; tienes que saber que sigo escribiendo la misma canción, cantando con la misma letra, la misma melodía, la misma voz, sólo quería que lo supieras. Y no, yo no sabía que esta canción que hablaría de los dos.

¿Para qué te fuiste si te ibas a quedar? Mis canciones están descompuestas, todas suenan a tristeza; mis manos no paran escribir tu nombre y de borrarlo incansablemente para tratar de comprender que estas lejos. He caminado tanto con tu ausencia que ya me he aprendido a vivir con ella, ya me calza. He caminado tanto que ya me duele la mente de tantas veces que he recorrido imaginariamente tu espalda con mis dedos después de hacerte el amor... Después tengo miedo de dormir en mi cama y despertar en tu ausencia, porque desde que amanezco y miro tu ausencia a mi lado he aprendido el verdadero significado de la palabra “distancia”. Trato de cantar, pero la voz se me quiebra y se hace pedazos. Siento la garganta tan hecha nudos que se me enredan en los ojos y termino por llorar. Y lloro. Y nada. Hoy solo pasa que ya no quiero llorar. Pero entonces me muerdo los labios porque recuerdo cuando tú lo hacías por mí y por mi distancia. Recuerdo cuando escuchaste por primera vez mis miedos y así me abrazaste. Recuerdo y todo vuelve a comenzar.

Y el problema es que te quiero. Y te quiero tanto que ya me da miedo decírtelo y que te espantes ante la idea de ser amado y huyas, como ya lo has hecho. Me da miedo decirlo y que te asustes y saltes por la ventana o tomes arsénico. Te quiero tanto que prefiero fingir que todo está bien, que te amo, pero poquito así, casi nada. Te quiero y me da miedo darme cuenta de que tú no a mí ya no y entonces ser yo la que tenga que saltar por la ventana porque simplemente no tendré el valor de huir. Te quiero en silencio, en tu cama sin que lo sepas, en tus besos sin que lo notes, en la distancia sin que lo sientas.

Te quiero porque gracias a ti empecé a  razonar que pensar a futuro es como sentirte satisfecho cuando aún no has comido, como pensarte ebrio sin haber bebido, como planear tu funeral en vida o intentar volar sin alas.

Te quiero porque hasta ahora has sido  real, el más tangible y el más lejano. El que me hace sentir segura, libre, llena de todo y sin embargo me mantienes en una muy estúpida incertidumbre. Doloroso, pero real. 

Te quiero y  no quiero escuchar tu respuesta porque ya sé cuál es. Soy tan cobarde que si ya no te digo que te quiero, es para no pensar en qué me responderás, para no tener que marcharme, para no verte partir.

Ya me urgía conocerte para que esta canción que me rompiera el corazón.

lunes, 16 de enero de 2012

La historia jamás contada de la caminata bajo la lluvia

"Existe una frontera que hace sombra a un par de amantes, que con unas simples letras tratan de romper el hechizo de una sutil distancia…"

Si tuviera que narrar una historia, comenzaría por describir la noche lluviosa en que él descubrió su mirada y decidió tomar la mano de ella y caminar por la calle, bajo la luz de la luna llena que alumbraba sin recato  toda la calle, protegiendo a ese joven y a su amante de la oscuridad y que provocaba que las gotas que caían lucieran como chispas de fuego que se apagaban al golpearse contra el suelo.

Si tuviera que contar esa noche en que él la beso, también mencionaría el maullido de un gato que salió corriendo al verlos .

Contaría como ella se asusto y se oculto entre sus brazos. También les diría que el la abrazo  y giro la cabeza a todos lados procurando que nada más la asustara, que siguieron caminando lentamente bajo la lluvia, reproduciendo en su mente esa melodía que escuchan sólo los que se aman, que da ritmo a los pasos y a la respiración, que colorea el aire y se lleva los temores. Les contaría de esa promesa que recita que el primer baile es para amar y la última canción habla de un amor que va más allá de cualquier tiempo. Les relataría de ese primer baile que tuvieron, y del mal presentimiento él que tuvo en su pecho. La felicidad da miedo.

Pero no. No tengo que ninguna historia para narrar, ya que a uno de ellos le falto valor para soltar sus miedos y tomar su mano. Como no soltó su miedo no tomo su mano, y justamente así empieza esta historia. Así que ustedes no sabrán nunca nada de esos amantes, pues no caminaron bajo la lluvia.

sábado, 14 de enero de 2012

Nada.

Guarde los silencios que un día nos hirieron y entre ellos oculte todos los "nada" en los que siempre mal guardamos nuestros sentimientos. Ven a buscarlos el día que quieras saber lo que sientes y lo que te siento.
Ven a buscarlos cuando te sientas libre, cuando el miedo no sea tu miedo.
Ven a buscarlos cuando quieras tomar nuestros sueños y no romperlos, cuando comprendas que los castillos de arena que he construido para nosotros no son velas, cuando entiendas que no debes de soplarles con fuerza.
Aquí donde nadie observa cuando nos ámamos, aquí donde nadie nos mira escondí un trocito de "Todo lo que te quiero", para un día inventar secretos.
Alli en la nada, esta mi mano, esta nuestra historia.

sábado, 7 de enero de 2012

Biografía de un amor sin tiempo.

“Hay dos desgracias para el ser humano: No tener al ser amado o tenerlo y no poder amarle.”

Te veo, ¿Estás?  Vienes. ¿Te quedarás?  Estas un día si y otro no, es parte de tu manera de ser, lo sé. Vienes me besas, dices “Te amo” y te vas.

Vienes luego, pero ausente de ti, me besas la sonrisa pero tus labios están vacíos, me tocas en la distancia,  me miras lleno de falta y te vas. Me dejas aquí,  luchando contra tus ojos tan distantes que sin querer me amenazan, con  tu mirada que atormenta, y luego con tu sonrisa que no me pertenece. Te abrazo con las piernas porque no quiero que te vayas. Te pido que trates de romper esas cadenas, mientras respiro tus risas y ahogo el llanto para no gritar. Te conozco tan bien, que sé que pronto te vas a marchar y no puedo hacer nada, y trato de lograr que no te vayas aunque no quiero intentar. 

Estás, pero no presente, te siento, te veo, te escucho, te quiero, mas no te tengo y cuando te tengo te me vas.
¿Qué hago contigo? ¿Te dejo ir? ¿Me alejo (¿más?) en silencio? ¿Me quedo en suspenso esperando a que reacciones o me dejes, lo que pase primero? ¡Dime qué!

Si te vas no quiero que te quedes… Llévate contigo el recuerdo, los besos, los brazos, las risas, los llantos, los versos y a ti, y luego ¡no llegues a mi vida nunca más! Si te vas a ir vete desde antes de llegar, porque si no lo haces, no sé cómo dejarte de amar, y más que dejar, no se como resistirme a tus besos. Y a esos también llévatelos  porque no los quiero aquí, haciéndome sufrir.

Si te quedas no quiero que te vayas. ¡No llegues si te vas a largar!

Te amo y parece no ser suficiente. Me escapo de mí misma, es que ¡has hecho tanto por mí!, contigo te llevaste todos mis “Yo nunca haría eso”, mis miedos, mis” ¿Yo, amar? ¡Qué va!”.

Me quedo, dibujando aquellos días en los que éramos lo que hoy extraño, en los que podíamos soñar despiertos lo que ahora se esconde entre suplicios y pretextos…

Puedes marcharte, pero mis ojos cerrados se quedan llenos de tu risa, prefiero que tú ausencia llene mis ojos a que lo hagan  las lágrimas y luego salgan por un sitio desocupado.

Puedes marcharte, porque el miedo ya nos ha ganado.

jueves, 5 de enero de 2012

Mucho gusto, eres el amor de mi vida.

“Tal vez hoy no me quieras mucho. Tal vez eso pase en otra vida en la que ambos seamos gatos."

Un día llegaste, con los ojos llenos de inocencia, las manos ardiendo en urgencia, los besos robados y tu sonrisa puesta.  Tu que sonrisa se amolda naturalmente entre mis besos, tus miraditas, y tus greñitas despeinadas. Tus letras que encajaban perfecto en toda mi existencia, tu mirada me dejaba ver todo lo que  no encuentro, tus manos encajaban perfecto en toda mi existencia y tu presencia que me detiene el tiempo. ¡Felicidades, me dejas sin aliento!

Llegaste metiéndote a mi cama, para quedarte en  sueños y volverte parte de mi suelo. Llegaste y me abrazaste hasta los miedos, me rompiste la costumbre. Llegaste entre la sorpresa de que me buscaras rompiendo con cualquier expectativa, y en más besos que se volvieron tiempo,  tiempo, que se escondió entre sábanas y sonrisas, lágrimas porque no estabas aquí  y otra vez risas cuando volvías a aparecer dentro de algún pretexto. 

Llegaste diciendo un “Hola” seguido por un baile extraño que terminó en besos, que se volvieron noche, después madrugada y regreso a mi casa. A mi cama sin ti.

Te trato como el amor de mi vida por que todos lo son, solo que en momentos diferentes. Así que: Hola. ¿Cómo estás? Mucho gusto, eres el amor de mi vida, al menos por ahora.

Bienvenido a mi vida, ahora eres el motivo de todos y cada uno de mis versos. Te enseñare a dormir viviendo nuestros sueños, tendrás que escuchar mis miedos y aunque no lo quieras, habitar en mí. Aunque sé que tarde o temprano te vas a ir; esos ojos traviesos te delatan: te asustaras ante la idea de mi persona precipitada, inconstante, impulsiva y espontanea. Así que también te digo: Mucho gusto, quieras o no, tú vas a romperme el corazón.

Mucho gusto, te informo que estarás en los días que se volverán sonrisas pensándote, y que se harán enojo al notar que no tengo ni un día de conocerte  y seguramente te perderé por no saber frenar mis instintos de besar a quien me gusta. ¡Y es que tú me gustas tanto!

Mucho gusto, tienes que saber que esta batalla siempre llevará  tu nombre que dentro de poco voy a odiar porque me enseñara que la persona que busco sí existe y no sé si va  a quedar conmigo. Que odiaré por la incertidumbre de esas veces que te ausentaras y yo sentiré que te marchas  cuando ni has dicho adiós.
Mucho gusto, no se cuanto tiempo soportare  ver que te alejas, el ver que no logras comprender tanto amor. No sé cuanto podré esperar a darme cuenta de que si me quedo esperaré toda mi vida por algo que tal vez nunca  va  a suceder.

Mucho gusto, te diré. Te amo, pero no puedo esperar a que aprendas a estar en mis días.


Tú eres libre de permanecer en esta historia el tiempo que te plazca. Tú y yo como personas somos dos historias tan bien escritas que  estamos escribiendo con cada oración, cada beso y cada mirada una historia nueva, pero aunque es el libro de nuestro amor, no puedes arrancarle hojas cada que te plazca. También debes saber que no voy a morir ante tu ausencia, no te debo, no me debes nada.  Serás la mejor historia de mi vida; pero no quiero que ese “hola”, tan tímido y frágil, ese “hola” con tono al amor de esta parte de mi vida se convierta en años de espera. No es que no quiera, sino que no puedo.

Hola. ¿Cómo estás? Mucho gusto, eras el amor de mi vida.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Valiente.

"Si se puede morir de amor. Mucho tiempo me engañaron con falsas historias..."


Recuerdo cuando todo parecía bello y nuevo bajo el cielo.
Recuerdo cuando me quitaste el temor.
No vales madres, ¿Para que me diste valor si me ibas a dar tu miedo a besos?

Te ofrecí mi corazón para que te quedaras. Te ofrecí mi amor incondicional como pago para que estuvieras aquí. Y me cobraste con intereses. Y hoy, hoy que necesitas algo con que alimentarte ya no tengo nada. ¿Cómo te doy algo que ya no existe?


Y sí, es cierto, no me quería ir. No debía de irme.
Me iba porque no quería convertirme en un recuerdo, aunque ya lo era.
Me convertí en un recuerdo cuando me miraste y me dijiste “Te amo”. En ese momento me trasformaste en esto. Lo recuerdo.

La primera vez que trate de irme no pude. No di dos pasos cuando ya estaba de nuevo frente a ti, pidiéndote que me perdonaras mucho, que no podría irme. No di dos pasos cuando de nuevo estaba frente a ti, con el corazón en las manos, presentándome como “La persona que te amaría con todo el amor que necesites y no se iría aunque su corazón ya no pudiera soportar”, olvidando así la premisa de “Tener en mis manos lo que pueda sujetar y en mi corazón solo lo que pueda soportar”. De esa manera, de antemano te ofrecí quedarme hasta que tú sanaras o yo muriera de frío.  Nunca creí que sería la segunda opción.


 Después, te pregunte por tu corazón. “Si -, dijiste- Por aquí lo tengo. Ámame, te lo mostraré”, agregaste al tiempo que echabas una última mirada a lo que yo tenía entre las manos.  En seguida me mostraste un corazón seco, una masa inerte y  roja con injertos, pedazos faltantes y varillas para que no se terminara de romper. Temí por un momento, pero lo tome. Lo bueno de que tuvieras el corazón roto es que había podido ver que tenías corazón.  Lo metí en mi corazón  y te lo volví a ofrecer al tiempo que te decía “Te amo”, y pensaba que amar aún con mi amor propio herido podría ser riesgoso.  Tú me miraste y con lágrimas en los ojos, lo tomaste y te lo tragaste. Acto seguido tomaste mi mano y yo solté la tuya: “Por ahora caminaremos mucho y muy juntos, pero sin tomarnos de las manos. Si alguno de los dos tiene que morir no dolerá soltarnos. No dolerá la despedida”. Te abracé en silencio, lloramos. Me dijiste “Tengo miedo”. Y supe que no podía dejarte, ¿cómo dejarte si estabas asustado?
Yo no podía tener miedo. ¿MIEDO? Yo estaba ahí para levantarte, yo fui creada para amarte.
Amar aún con el amor propio herido es riesgoso, lo sabía.  Pero aun así, me quede.

 Me quede y me resistí a la fuerza del viento, que trataba de llevarme cuando yo trataba de limpiar tu alma que por el dolor que sentías se había convertido en un trapo sucio que iba a rastras directo al cementerio.
Me quede buscando los pedazos que le faltaban a tu fe, a tu amor propio, a tu valor. Pedazos que yacían por ahí rotos y descocidos esperando a ser remendados.
Me quede por tus besos que me ayudaron a seguir latiendo aun sin tener corazón.
Me quede por que tus besos le daban razón a mi vida.
Me quede y te seguí besando.

Me quede para sentir como empezabas a sanar. Y sí. Lo sentí. Empecé a sentir alegría en tus palabras y en tus abrazos y por un momento sentí, sentí que lo había logrado. Tú ya no eras mas un ente caminando solo, por ahí. Pero en ese momento lo vi. Una palabra o una simple actitud pueden matar por completo las ganas de luchar por alguien. Justo cuando iba a tomar tu mano giraste la cabeza y miraste el horizonte. Justo toque tus dedos cuando tú corriste. Te alejaste y me dejaste ahí.

Durante muchos días extrañe la piel de tus labios. Y luego llore porque no logre que la luz de nuestro sol brillara en tus ojos. Llore porque solo alimente la luz del tiempo con el afán de que algún día llegaras a ver todo con claridad. Llore porque fui tan imbécil que nunca me di cuenta de que los finales felices no son para todos. Porque tú y yo éramos un ejemplo de ello. Llore porque podría jurar que quería enojarme contigo el resto de mi vida…

Y después morí. Aunque no tenía corazón y sí tenía  muchas razones por las cuáles seguir latiendo… ¿Cómo vivir sin un corazón? ¿Cómo sin tus besos? Varías horas de llanto enterraron todas mis ganas de ser valiente.

Después, regresaste. Regresaste después de verte en el espejo y ver que no eras tú el del reflejo sino, más bien eras la clara imagen de la desolación. Regresaste cuando tus latidos te confesaron que me habías dado una muerte que no me correspondía. Regresaste cuando notaste que esa misma muerte se adueñaba poco a poco de ti.  Descubriste que sí se puede morir de tristeza, de esa pesadez en el pecho que poco a poco impide respirar y de esa única lágrima en la que puede hacerse presente el dolor más puro y más intenso.
Regresaste y ya era tarde. Te tragaste mi corazón, el latía dentro de ti.

Ahora, tu única compañera es la muerte. Va a tu lado mientras caminas en la oscuridad palpando los rostros de los demás.

Nunca comprendí que tal vez eras ciego. Que tal vez por eso no podías ver mi mano, que tendía hacia ti el día que huiste para que así soltaras tus miedos y tu pasado. No comprendí que vivías en un laberinto de dudas que nunca podría resolver porque no confiabas en mí. Tampoco entendí que tu corazón  lo había dañado el monstruo de la incertidumbre, y que solo tú lograste salir con vida de entre sus manos. No comprendía tantas cosas y sin embargo te entendía completamente.

No comprendí que yo a tu vida solo logré ponerle colores, y lo que tú necesitabas era visiones

lunes, 26 de diciembre de 2011

Dolor de cabeza.

-Me duele la cabeza-, me dijo él.  
-¿Quieres una aspirina?-, le pregunté. 
-No es tan fácil-, respondió. 
-No es tan fácil ¿que?´, repuse. 
Entonces el adquirió lo que yo llamo el estilo Mauricio Garcés, y luego de un suspiro respondió -¡TODO!-.

Y sí, en ese momento debí detener la plática.

Debí de haber dicho "¿Nos vamos?", instarlo a que pagara la cuenta. Huir.



Pero no. No. Agregué, como una perfecta imbécil: -Tal vez sea tu estómago, amor.

El sonrío irónicamente, con la actitud de alguien que ya lo sabe todo, ese tipo de sonrisa que te hace sentir miserable y mínimo. Sonrío y me dijo: -¡Qué niña eres!. Crees saber todo lo que me sucede.



Debo decir que cinco minutos antes de eso nada presagiaba la tormenta. El viento de nuestro amor soplaba plácida, suavemente. Entonces apareció el pinche dolor de cabeza.

-Lo nuestro no puede ser-. Agregó al fin.
-Pe..Pe...Pero amor, ¿qué pasa?-. Le conteste, mientras culpaba a ese putito dolor de cabeza.

-¿No has leído la última edición de New Scientist?.
-La verdad, no.
-¡Claro, qué te va a venir importando!. ¡La verdad es que yo te importó poco!- Estalló.
-Sí me importas, lo que pasa es que ni conozco la revista, ni sabía que tú la lees...
-¡No es cierto!. Si yo te importará sabrías que se hizo un estudio en Londres y se descubrió que el amor no esta en el corazón, esta en el cerebro.
Si te importara tantito, sabrías que las personas que participaron en el estudio se decían "perdidamente enamoradas", y se les sometió a resonancias magnéticas.

Si te importara, sabrías que cuatro zonas del cerebro se activaron por los sentimientos amorosos.
Pero no. No lo sabes. No lo sabes porque yo, ¡yo te valgo madres!- Dijo, al borde del colapso.
-Pero, flaquito-, le dije - ¿Qué tiene que ver eso con nosotros?.
-¡Todo, absolutamente todo! -. Repuso - ¿Tú crees que es normal qué me duela la cabeza en este justo momento?.
-Te ha dolido antes...

-Pero no de esta manera. !No¡. Definitivamente lo nuestro no puede ser.
-Y, ¿qué hacemos?- Le dije, al borde del llanto.

-Que terminemos-. Dijo con frialdad., luego, agregó- ¿O tienes una solución mejor?.


Pensé rápidamente. O eso traté de hacer. CARAJO. Estúpida revista, doctor, resonancia. Estúpidas personas que se dijeron enamoradas. Por su culpa, estaba ahí sentada, frente al amor de mi vida, sí, frente a ese hombre que en ese momento y por ese drama bien pudo haber pasado por una gran vagina andante; estaba ahí y no sabía qué hacer. De pronto, dije:

-¡Sí, ya lo tengo!. Hazte una resonancia mirando una foto mía. Así sabrás si en verdad me quieres.



Sí. Sé que no fue la mejor idea, pero ¿que más podía hacer?. A esas alturas de su dolor de cabeza, ¿qué mas podíamos perder?.


-¿Tienes una foto?-, agregó.


Saqué de inmediato mi cartera.


-Tengo esta de cuando era niña.
-Estabas bien peludita- Dijo, mientras sonreía.
-No, lo que pasa es que las estas viendo al revés- Le contesté- ¿Tú crees que sirva?.
-El ser es ser mientras sea-. Contestó mientras miraba filosóficamente al  horizonte. 


En ese momento, ahí, me di cuenta de cuanto miedo sentía. Por nada podía perder mi todo, él.


Tras pagar la cuenta, caminamos hacia el hospital más cercano. Caminamos, y aquí estoy. Estoy  en una sala de espera con el estomágo y el ser llenos de una extraña sensación. En ese momento, una complicadisíma maquina hecha en Japón estaba a punto de decidir el futuro.


Esa maquina tomaría tajadas del cerebro de mi novio -o ex novio-  y nos dirá lo que antes (para él) yo atribuía a su corazón. ¿Hay amor?. ¿No hay amor?. ¿Es un capricho?. ¿Será qué esta en días?. ¿Tenemos un futuro juntos?. Y, sobre todo, ¿sé le pasará, podrá volver a darle ese dolor de cabeza?.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Dejese de niñerias. Hable.

"Las palabras están subvaloradas. Se supone que una simple imagen dice más que mil de ellas y que, además, se las lleva cualquier ráfaga mediocre."


Existe un común acuerdo, y ese es que uno no debe decir cosas si no las siente y que, por lo general, se debe abstener de hacer promesas y más bien debe actuar de acuerdo con lo que siente. 
Pero desde hace un tiempo me he dado cuenta de la importancia de decir las cosas en dos tipos de situación:


 Situación #1

La positiva


Hace un tiempo salí con un tipo que me gustaba mucho; era de esos que sirven para hablar y para darle besos. 
Luego de salir por unos meses la cosa se acabó y, como todos, se volvió un buen amigo. 

Meses después de haber terminado nuestro cuento, caí en cuenta de algo: que nunca le dije que me gustaba. 

O sea, nos conocimos, empezamos a hablar, nos gustamos, nos dimos besos, salimos, terminamos. 
Pero en todo ese trayecto las palabras “me gustas” nunca salieron de mi boca.

Yo no lo decia porque YO creía que era obvio que le gustaba porque… pues… se me notaba, me ponia nerviosa con el y ansiaba a los viernes, no sé, habia algo. Pues como dije el cuento acabo y después de seis meses hablé con él sobre eso un día y me dijo que no. Que no era obvio, que durante esos meses creyó que estaba saliendo con él porque sí, como capricho. Como para olvidar. 

Ahí me di cuenta: Hay que decir las cosas. 

Así como a mí me gustaba que él me dijera las razones por las que yo le gustaba, lo normal habría sido que yo se lo dijera. 

Pero no lo hice, y no porque me abstuviera de hacerlo ni porque me diera miedo, sencillamente no se me ocurría.

Obviamente no defiendo la situaciones extremas en las que se han metido amigas mías "Él me dice que me ama pero me trata peor que a la señora que vende tortas de tamal en la esquina"  o amigos míos “La pinche vieja aparece cada dos meses, me da besos, me dice que me extraña y que me ama pero luego vuelve a desaparecer”

No estoy abogando por el uso de las palabras porque sí, como para sacar provecho de ellas. 

Lo que stoy es defendiendo es el uso de las palabras como un refuerzo de las situaciones: 
como una exteriorización de lo que se está pensando —porque generalmente la gente no tiene ni puta idea de lo que uno está pensando.

Niéguenmelo.
Situación #2


La negativa


En esta sí soy una cabrona, en esta me emperro... Pero mucha gente que conozco no. 

He sido testigo de esta situación: a un amigo le gusta una tipa, hablan, empiezan a salir, salen más, salen otro poquito más y después, por razones que varían en cada caso, él ya no quiere salir más con ella. 

En esos casos mis amigos siempre me dicen “Bueno, ¿Qué hago? Dejo de llamarla y me voy desapareciendo de a poquitos? O, ¿Cómo?” Y mi respuesta siempre es un “NO” gritado y acompañado de un regaño.

Cuando les pregunto, las razones por las que se van desaparenciendo de a poquitos pueden ser dos:

1) Por cobardía: siempre será incómodo terminarle a alguien. Y es preferible evitar las confrontaciones, sobre todo cuando ya han tenido encuentros con mujeres que les lloran o les hacen show.

Y yo les dido: "No sean nenas. La probabilidad de que les lloren o les partan la madre con su tacón mientras lloran y gritan es muy baja."

Ahí es que entra a jugar el segundo punto:

2) Por ser “Queridos”: así no tengan pruebas, siempre van a creer que las mujeres van a reaccionar mal a esas terminadas y, entonces,  en sus cabezas la forma más dulce, caballerosa y poco hiriente de sentimientos es ir cambiando sutilmente para que ellas se den cuenta solas de que todo cambió.Que consté que escribi "En sus cabezas" Porque ahi y solo ahi eso esta bien echo. 

Pues no. Eso está mal hecho. Pésimamente hecho. 

No soporto ver a mis amigas desesperadas por la incertidumbre de no saber qué es lo que le pasa al tipo que les gusta, y no poder decirles "No, no llores por él" Siendo que yo támbien he chillado como cerdo por alguien mas. Y tampoco soporto ver a mis amigos convertidos en cobardes que no son capaces de decir lo que piensan.

Y si. Yo probablemente, muy probablemente, soy una cobarde también a mi manera.Pero a eso me refiero: todos deberíamos salir ya de nuestras zonas de comodidad y empezar a decir lo que pensamos y sentimos cuando toca.

martes, 20 de diciembre de 2011

Otredad.

"Ya sé, ya sé lo que me da miedo: no quererte."


Hoy, cuando no podía dormir (mi rara costumbre) escuché a Yann Tiersen y su ”La Valse d'Amelie”. Es una canción sinceramente triste y no cabe duda de que a veces sólo es linda y a veces hace llorar. Aquí está el encuentro contigo en mi pensar. Tú representas mi otra parte. No compartimos identidad; ya, jamás seremos iguales.


Y es que tú, digo, tus letras; es decir, tu cabello, tus ojos, esa seriedad que a veces me enferma; quiero decir: tus labios, tus carcajadas. La manera en que te trato de examinar cuando se que estas triste. Mi angustia por defenderte ante tus miedos y abrazarte para que llores a escondidas y poder decirte que todo pasará. ¿Sabes? Nos duele.


Yo quiero decirte cosas graciosas, pero, digo, a ratos me doy cuenta de cuánto te extraño; es decir, te vivo en mí, desde lejos; quiero decir, te vas.


Yo revivo, en cada nuevo gesto descubierto, el conocimiento de ti. Descubro por qué me gustaste y cómo fue que te quise querer; es decir, te quise; quiero decir: te quiero.


Aquí yo ya no soy yo ni tú eres tú, pero somos alguien y nos sabemos expuestos porque nos conocimos, ¿no?


Hoy escuché a Tiersen y equivale a la suma involuntaria de recuerdos porque lo relaciono contigo, pero no son sólo buenos recuerdos. También lo relaciono con pésimos silencios y tus palabras cuando son gruesas y pesadas y caen como la peor novela que culmina con un final feliz y dos personajes disparejos.


Me recuerda una llamada telefónica que nunca he hecho y unas lágrimas, digo, tus ojos; es decir, mis ojos; quiero decir, cuando me aseguras que a alguien, que yo sé más importante, o sea tú, también me quiere.


Quiero alejarte, alejarte con toda la lejanía de los mares de todas las lágrimas y el dolor que esto pudiera causarnos. Abandonarte pero no dejarte solo porque sería irresponsable de mi parte. Yo quiero olvidarme de que existo porque entonces sé que vives.


Ya que estamos tan de cerca, ya que estamos tan lejos; veo en ti lo que fui.  Yo sé que no te pesa. A mí no me pesa, a mí me gusta; es decir, duele; quiero decir, quédate.


Luego cierro los ojos: aquí mi cintura, luego tus brazos alrededor, bajo mi suéter. Después mi cabeza, esa barbaridad que no piensa, la recargo entre tu hombro y tu cuello. Pasa la gente y acaricias mi cabello. Eres el viento con las manos. Muerdo, despacito, tus hombros. Ya no me gustas; es decir, me gustas; quiero decir, te amo. 


Hay un olor invariable. Sabemos que no es pasado lo que queda atrás. El tiempo no es infinito. Entonces, ¿por qué no me marcho?. Yo sigo y mientras te digo que me duele hablarte, pero no quiero dejar de hacerlo, que te quiero que no tiene sentido. Necesito darte un beso; quiero decir: quiero hacerlo.


La simpleza de la nosotros vive en que uno ya no puede verse vivo desde sí.


Entonces muerdo mis labios. Busco tus ojos. Se que un día besare tu mejilla y sonreiremos con los ojos lagrimosos.


Todos los tiempos pasados y el espacio ganado ahora nos alcanzan. Qué barbaridad reconocerse en algo ajeno.


Las palabras nos pesaron y esa oscuridad; es decir, la lluvia; quiero decir: todo el clima.  Sabes que ya es tarde y a ambos nos cuesta decir "te quiero".  Nuestro amor debe perpetuarse, sin embargo te gana el miedo. Pero hasta Goliat tenía un punto débil, David lo venció. Te voy venciendo. Entonces nos destapamos ¿qué nos queda por perder si ya no tenemos ni tiempo?. Como un murmullo, el silencio se acrecienta ante el balazo de las palabras: “también te quiero”. En ese momento besare tus labios. La soledad a veces, también se identifica con nosotros.


Repito el beso. Ahora ya somos iguales; es decir, amantes. 


Definitivamente nada es normal: me conocí en tu distancia.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Silencios

“Que quede claro que nunca en toda mi corta vida un silencio me había dolido tanto. Que quede en el registro”.

¿Sabías que tu silencio es mortal para mí en estos días? ¿No? Pues ahora lo sabes. Y te lo digo porque creo que lo has notado y aun así te quedas callado. No sé si tu silencio es porque lo necesitas o porque quieres entienda mensajes ocultos en el,
Muchas veces quise creer que te quedabas callado porque no tenías nada bueno que decir y en esos momentos no me gustaba, AMABA tu silencio. Tu silencio tan bonito, tan cómodo y tan apacible. Ese silencio que me hacía saber que estabas ahí, aunque no dijeras nada. Ese silencio que me mantenía a la expectativa sobre lo que me podrías decir. Y entonces yo también me quedaba callada, pensando en lo que te podría decir después o en posibles respuestas para las maravillas que seguramente dirías. Y digo maravillas porque eres tú ¿Qué más podría esperar de ti?

Y esos otros silencios en los que yo sentía ese terrible movimiento intestinal causado por algunas mariposas. Ese silencio en el que descubria que tu estúpido y defectuoso silencio se había convertido en algo así como una cualidad y yo ya había valido madres porque estaba enamorando.

Y después, había horas en las que no parábamos de hablar. El día, nuestras letras, pasiones imaginarias, cigarros que nunca fueron encendidos y sueños que no llegaron vivos a la hora de dormir.

Había un silencio en el que yo podía sentir que un buen día de estos te miraría los besos, te sentiría las palabras y te escucharía los silencios. Esos silencios que solo pueden crearlos los seres como tú, que llegan y cambian todo por completo; que se quedan grabados en canciones, en cajones y recuerdos.

Ahora, hay días en los que hay mucho silencio, y entonces mi corazón quiere salirse a toda costa. Hay días en los que tanto silencio guardado no encuentra otra puerta de salida más que mis ojos

Y ahora esta ese silencio que odio. El silencio que no me crea ni me destruye, tu silencio que solo me tortura.
¿A que edad le digo a mi corazón que ya no espere a que hables? ¿A las cuantas lagrimas le digo a mis ojos que no te leerán más? ¿A cuantos plazos temporales seguiras sin decirme la verdad?.

"Nos parecemos tanto que puedo sentir que te vas a ir."

Si un día me rehúso a seguir hablando no será es porque no te quiera. Será porque no puedo luchar por algo que sólo yo siento. Porque para mi serán necesarios esos silencios.